Diario de gira (V)

Donosti, Barakaldo y Alagón (12, 13 y 14 mar.)

Fin de semana duro que arrancón con el tiempo en nuestra contra… para no variar. El viernes a las 15:00 horas salíamos de Alagón la primera parte de la expedición: Benito, Miguel, Isabel y yo, con la furgo de Benito llena hasta arriba y todos apretujados en el camerino andante de la Chini.

Donoti en obras nos obligó a dar vueltas sin sentido durante cuarenta minutos hasta que localizamos la forma de entrar al aparcamiento de la Fnac. Montamos y tocamos, todo de seguido, con el público en el bar charrando hasta que sonó aquello del “se sienten, coño” y ya todos mudos, a escuchar a ver qué decían los de la Insolenzia. Hubo unas treinta y cinco personas escuchando y veintitantas tomandose una caña con nuestro run-run de fondo. Vendimos media docena de libros. No está mal.

Durante toda la estancia en Donosti tuvimos a Cris como anfitriona que, sin lugar a dudas, fue lo mejor de todo el fin de semana. Nos acogió en su casa, dándonos techo para dormir, cena (ese lomo a la riojana que estaba de toma pan y moja), desayuno, pero sobretodo dándonos su simpática compañía. En Donosti repetimos seguro. Conocimos la noche donostiarra y nos quedamos con la copla del Leize Gorria, donde tenemos que tocar cuanto antes. Paseamos por la playa, Benito y Miguel se metieron al agua y cogieron a Isa con intención de arruinarle la voz para el día siguiente, al final le perdonaron la vida. Luego en la habitación hubo venganza de puños y cosquillas.

El sábado por la mañana dimos una vuelta turística por Donosti, nos fuimos de pinchos, txacolis y cañas y arrancamos hacia Barakaldo con ganas de pasar más ratos con Cris (y también con Fernando).

Barakaldo es mucho más feo, y además las nubes volvieron a hacer acto de presencia. Aquí nos juntamos con el resto de la expedición y con los Zapatrús. Nos lo pasamos de puta madre, tocamos con ganas a pesar del frío ambiente y luego nos fuimos de juerga. La gente de Zapatrús muy maja, a ver si repetimos en mejores condiciones. los de la Sala Edaska, si no hubieran estado lo mismo hubiera sido, entre viejos verdes, colgados babosos y silencios silenciosos… no coment… lo peor el público que decidió quedarse haciendo el gamba en cualquier otro garito.

Cansados y desarmados, el domingo amaneció con mala hostia. Comida en el Barakaldo este que se quedó grabado en mi memoria en gris triste y aburrido, y salida hacia Alagón (todos excepto Félix que se cogió un moscoso).

En el Centro Cívico estuvieron los principales. Esta vez en el acústico también estuvo Luis (que celebraba el año que llevaba con la Insolenzia) y tuvo como seguidores fiales a sus hijos y su sobrino. Al terminar la actuación ganas de salir de nuevo a tocar, de quitarnos el sabor agridulce de la boca.