Diario de gira (X)

Teruel y Quart de Poblet (16 y 17 abr.).

Salimos hacia Teruel cargados hasta arriba con todo el equipo, estrenábamos furgoneta y llevamos la misma ilusón de siempre. La expedición la formabamos toda la Insolenzia (Isabel, Benito, Félix, Miguel, Luis y yo) acompañados de Cris, nuestra merchan-girl que durante este fin de semana no tuvo que ejercer como tal.
Para no variar la lluvia estuvo presente durante todo el fin de semana, en el viaje de ida nos diluvio, y en el de vuelta también, afortunadamente no nos estorbó demasiado en nuestras estancias en tierra.
La Fonda del Tozal es un sitio cojonudo para tocar tanto por el ambiente en sí como por la gente que la regenta, sin mencionar, las curiosas habitaciones en las que nos alojaron. Todo en Teruel fue genial, de hecho contamos en todo momento con la inestimable ayuda de Mario, cantante de nuestros compadres 15 a medias. Mario se encargó de todo: de guiarnos hasta la sala, de montar y manejar las luces, de indicarnos como colocar el escenario, de traer a su gente a nuestra actuación… y además se cantó “Mi silencio” y lo hizo de puta madre. Ojalá podamos coincidir pronto en un bolo los dos grupos. Después de tocar las habituales cervecicas, los habituales moscones, las habituales risas… y la juerga siguió en la habitación, Benito y yo apenas dormimos hora y media… así llevaba el cuarpo al día siguiente… me estoy haciendo mayor.
Salimos hacia Valencia después de comer y con el cansancio y ciertos resquicios de resaca golpeando nuestras cabezas. Bueno, en Quart como siempre que vamos, sorpresas a tutiplen, en fin… esto es el rocanrol. Esperábamos bastante más gente en una sala que no está mal. Hubo muy mala promo, lástima porque nosotros íbamos con muchas ganas (especialmente Miguelitros). Mi cuerpo no estaba para muchas horas de vuelo así que después de tocar (a las mil y un minuto, todavía no comprendo el retraso en empezar el bolo, ¿a quién esperaban?) Isabel y yo nos fuimos a la suite y estos llegaron poco después, antes de que nos hubiésemos dormido…
El domingo fue lo mejor de nuestra visita a tierras valencianas. Los abuelos de Miguel nos prepararon una estupenda paella en el campo que degustamos en compañía de sus tíos (que también habían estado viéndonos la noche anterior). Nos salió un estupendo día que nos hizo disfrutar de ese olor y ese color tan característico del campo valenciano.
Regresamos cansados pero contentos, con naranjas y todo (gentileza de la familia de MIguel) y en el viaje, por si alguien lo dudaba, nos llovió.