La parte más ingrata.

Ayer nos tocó únicamente la parte más ingrata de esto de la música: desmontar, cargar, transportar, descargar y montar. A eso dedicamos la tarde. Todos unidos, como el grupo que somos, los seis ruidosos y la roadmanager: Benito, Félix, Isabel, Chuan, Miguel, Cris y el de la voz de lija. Salimos de Alagón y pusimos la furgoneta rumbo a Zaragoza con algún pequeño percance por el camino. Después del ensayo del día anterior Chuan, una vez más, estuvo a punto de perder el tren y, con las prisas, volvió a dejarse olvidado el móvil en mi casa. Así que habíamos quedado a las 7 en el estudio pero Chuan estaba ilocalizable, afortunadamente su loca cabeza esta vez se comportó y esperó en la puerta de su curro a que llegásemos (aunque fuese con únos 45 minutos de retraso).
Llegar a los Estudios Inguz, para nosotros, es como llegar a nuestra casa. Estaban Juanmi y Jorge, abrazos, alegrías y esas cosas; y, mientros estos descargaban yo merodeaba por ahí sacando conversación a uno y a otro, no por nada soy “El rey del escaqueo”.
Y poco más iba a dar de sí la jornada. Chuan tenía que volver a la revolución, Félix al curro, Cris con él, y los demás a verlas venir. Acabamos en el bar de al lado del local cenando carne asada, que le den por el culo al régimen, y echándonos unas risas que son la mejor receta para justo antes de empezar el proceso de preproducción.
¡Ah!, poco antes de terminar la noche surgió un pequeño problema. Chuan había roto uno de sus platos y pensaba localizar a uno de un colega, pero llamó diciendo que imposible así que tuvimos que buscar soluciones. La primera que nos vino a la cabeza fue la que resulto: nuestros amigos de The Dust Boll. Les llamamos y de puta madre, como siempre. Otro favor más que debemos por ahí, el día que nos pongamos nos van a sangrar los bolsillos.